Ser un “ciberpsicólogo”

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Andrea Valeria D’Abate 



En el artículo “Reflexiones sobre el ejercicio profesional del psicólogo a través de la computadora” de Osvaldo García López, se plantea un tema muy actual que llama a la reflexión acerca de qué estamos haciendo como profesionales (y en mi caso, como futura profesional), en nuestra práctica.
Lo interesante del planteo es el hecho de que es un tema que, 10 años atrás, no se hubiera planteado, a pesar de la existencia de la tecnología informática. En estos últimos 10 años, nos hemos encontrado con un gigantesco avance de la cibernética; cada vez se nos acortan más los espacios y los tiempos.
Antes, podíamos recibir una respuesta del otro lado del mundo en meses, luego en semanas, luego en días, horas, y ahora en segundos, o mejor dicho, al instante, en un microsegundo.
Pensándolo así, nos asombra. Y nos asombra tanto que nos ponemos como niños con juguete nuevo. Al momento nos ponemos a jugar y experimentar de una y mil formas, nuevas maneras de utilizar el juguete.
Así, simplemente los psicólogos pensamos: ¿Y si utilizamos la compu para analizar a la gente?. Y sí... dale, hay que ser creativos y tener un pensamiento divergente. ¿Por qué no?. Con eso nos ahorraríamos horas de trabajo tomando y analizando los tests, y volviendo sobre el material una y otra vez comparando, pensando (qué horror), y teniendo que armar el informe... Y también podríamos llegar a lugares del mundo donde nunca llegó la Psicología, y curar a pacientes de la Antártida!. Y también podríamos...
Muchas cosas se nos ocurrieron a los creativos psicólogos; que no está mal, de hecho la creatividad es uno de los requisitos para hacer de nuestra profesión un arte. Pero fijémonos en dos cuestiones que hacen a las ventajas de utilizar la tecnología informática:
“Me ahorraría tiempo, no tendría que estar pensando tanto tiempo sobre el material que me aporta este paciente”, parece tener un discurso oculto que dice: “Realmente, este sujeto no me importa demasiado como para estar brindándole el tiempo que podría tener para mí, o que podría estar atendiendo más pacientes. Y encima me hace pensar!”.
Me pregunto que concepción del hombre tendrá un terapeuta que piense así. Tal como Ud. dice, “... nunca se puede prescindir del juicio clínico, del conocimiento de la psicopatología y de las interpretaciones de los resultados que permiten descubrir la subjetividad del examinador en la recurrencia y concurrencia de sus producciones”.
Y además, en lo que hace a la transferencia, “la ciberpsicoterapia [puede ser útil en lugares donde realmente no se pueda acceder a otro tipo de terapia]..., pero no podrá sustituir nunca la relación única que se establece entre el psicólogo y el paciente, y debe ser instrumentada como parte de un proceso que demandará en algún momento el encuentro personal” (2). Si no estamos dispuestos a dar generosamente nuestro tiempo para configurar un encuentro de personas únicas e irrepetibles en un clima de amor y libertad bien entendida, creo que es preferible que nos dediquemos a corte y confección.
Además, me parece que tenemos que terminar con esa cuestión “muy argentina” de la ley del menor esfuerzo, donde “no quiero pensar de más, no vaya a ser que se me gaste el cerebro”, porque de otra manera vamos a seguir con “la cabeza en la lata”, con la estupidez, como dice Barilko (3).
Ninguna tecnología, por más bien hecha que esté, puede reemplazar al contacto directo y a la experiencia de estar juntos en un mismo momento y espacio físico. Más instantáneo que el encuentro cara a cara no hay.

Pensemos que desde el mismo momento en que nos acercamos a saludar al paciente, ya nos comunica algo, y ya estamos empezando a construir un vínculo.
“Y también podríamos llegar a lugares del mundo donde nunca llegó la Psicología, y curar a pacientes de la Antártida!”... Simplemente, una posición que detrás de la buena intención, esconde la necesidad omnipotente y narcisista de querer llegar a ser como dioses y salvadores.
Hay un trabajo muy interesante de una alumna de la Carrera de Psicología de la Universidad José Santos Ossa (Antofagasta –Chile), que plantea “¿Es ético realizar psicoterapia en el ciberespacio?” (4) donde expone y realiza comentarios sobre estudios significativos realizados en este ámbito y respuestas previa consulta por correo electrónico con psicólogos que realizan la ciberterapia y otros que no avalan esta práctica.

Entre algunas ventajas que ella encontró están: la posibilidad de una terapia psicológica sin salir de casa y flexibilizar agendas de ambas partes, poder tratar problemas no clínicos, menos costo, crear grupos de soporte para personas discapacitadas o con patologías tales que fuera imposible trabajarlas “en persona”.
Y hay dos que me gustaría transcribir casi textualmente:
1. La Comunicación Online posibilita:
Comunicación asincrónica: el e-mail proporciona la oportunidad de elaborar en lo que va a comunicar, lo que puede incrementar una claridad en la comunicación yendo al núcleo de los problemas.
Transferencia: la transferencia en Internet puede implicar transferencia a la tecnología además de transferencia interpersonal.
2. Uso complementario a la terapia "en persona".
Evitaría los problemas de las intervenciones sólo-a-través-de-la-red. (anonimato, temas diagnósticos, temas legales, y respuestas a intervenciones-en-crisis).
Aumentaría la capacidad del terapeuta de incidir en el mundo del cliente (profundidad, perspectiva, monitorización del trabajo terapéutico).
Terminación: la sustitución paulatina de las sesiones clínicas "en persona" por sesiones a través de la red, aplacaría la "violencia" que puede suponer un fin de la relación terapéutica cara a cara y devolvería la confianza del paciente en sus propios recursos.

Aquí llama la atención el tema de la transferencia, que venía hablando. Además de que ella reconoce la desventaja de perder claves visuales y auditivas en la comunicación presencial (que originan problemas de diagnóstico, de percepción de la identidad del paciente, problemas en cuanto a la intervención, y problemas en la percepción de dificultades de comunicación del paciente), plantea que existe otra relación transferencial. Y esta es impersonal, con el software. La verdad es que no puedo imaginarme cómo sería esta transferencia. Y por otra parte la disolución de la relación transferencial, que es una manera bastante novedosa.
Viendo las ventajas propuestas, es tentador pensar en una terapia “on-line” complementaria a la terapia “unplugged” (en vivo).
Sin embargo, son obvios, aparte de los ya explicados, los inconvenientes de la misma en cuanto a que no existe confidencialidad 100% asegurada en la red, como para preservar el secreto profesional; además de tener que tomar múltiples recaudos (ej: no guardar información en discos duros accesibles a través de la red, no mandar información desde el trabajo o desde casa). Además, no existe una normativa legal sólida que avale este tipo de terapia, por cuanto que:
no hay acuerdo sobre su eticidad,
ni control de “calidad”, o sea, de competencia de los profesionales (porque no hay universidades de terapia virtual),
ni tampoco consenso cuando terapeuta y paciente tienen distintas nacionalidades y sistemas legales, a los que Internet trasciende.

Otra cuestión, es con respecto a la contención del paciente en una crisis. Entre que es más difícil, porque el cliente mantiene el anonimato y el terapeuta puede estar no familiarizado con los recursos de la zona donde está el cliente, a veces desde una mirada más humanista, hace falta, no sólo una palabra de aliento, sino también un gesto, una palmada, una mano. Aunque yo lo viera en mi pantalla con una cámara web, la relación sigue siendo distante.
Además se dan problemas sobre el informe que se debe emitir sobre la posibilidad del paciente de hacer daño a terceros, o del peligro sobre su propia seguridad.
Por todas estas razones, y sin desmerecer a la tecnología, que es muy buena y muy útil, coincido con el Lic. García López, en que no debe ser utilizada indiscriminadamente, sino con un criterio ético, pensado, de manera tal que sea un complemento de nuestra tarea. Que la tecnología en la psicoterapia o en el psicodiagnóstico no sea un fin en sí mismo, sino un medio para un fin, y éste fin no es más que la persona. Pero la persona humana, o sea, vista como un ser único, irrepetible y singular, espiritual, fáctico, libre y responsable.(5) Esto no es otra cosa que “Humanizar el ejercicio de la profesión”(6), ser-humano.

(1) García López, Osvaldo Raúl, “Reflexiones sobre el ejercicio profesional del psicólogo a través de la computadora”, Trabajo presentado en el X Congreso Metropolitano de Psicología “Odisea Ética”. La equidad y la constitución de los sujetos sociales. Nuevos desafíos de la Psicología, Buenos Aires, Mayo, 2002.
(2) García López, Osvaldo Raúl, “Reflexiones sobre el ejercicio profesional del psicólogo a través de la computadora”, Trabajo presentado en el X Congreso Metropolitano de Psicología “Odisea Ética”. La equidad y la constitución de los sujetos sociales. Nuevos desafíos de la Psicología., Buenos Aires, Mayo, 2002.
(3) Barilko, Jaime, “Ética para argentinos”, Ed. Aguilar, 1998.
(4) Barrientos, Golda, “¿Es ético realizar psicoterapia en el ciberespacio?”, trabajo presentado en la Carrera de Psicología de la Universidad José Santos Ossa Antofagasta – Chile y publicado por la página colombiana www.psicologiacientifica.com, 2003.
(5) Guberman Marta, “Humanismo, Logoterapia y Proceso psicodiagnóstico”, Ed. San Pablo, Buenos Aires, 1998.
(6) García López, Osvaldo Raúl, “Cuando la palabra privada se hace palabra pública”, Ficha de la cátedra de Ética de la Carrera de Psicología de la Universidad Católica de Salta, pág 5, sin fecha.

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