Los arquetipos

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Antonio Las Heras


El material aquí presentado explica qué son estos contenidos del inconciente colectivo, y es un fragmento del libro "Psicología junguiana".

Los contenidos del inconciente colectivo son los arquetipos. Arquetipo significa "modelo original o prototipo", pero la definición, desde la psicología junguiana no es tan sencilla. Y menos cuando leemos al sabio suizo que indica que "el arquetipo es el núcleo de un complejo", con lo que aquellos adquieren renovada trascendencia. Los complejos que -siguiendo la expresión junguiana- "mueven" al hombre tienen como elemento básico a un arquetipo.
No uno en especial. Diversos arquetipos pueden originar diversos complejos. Y se pueden tener varios complejos a la vez, unos más intensos que otros...
Ya no son entonces, estos, contenidos del inconciente colectivo, algo lejano, oscuro y profundo de rara presencia en los estratos superficiales de la psique. Ahora comprendemos otro de los motivos por los que son ellos quienes rigen nuestra existencia. Hall y Nordby indican que "es muy importante para la correcta comprensión de la teoría junguiana sobre los arquetipos, que estos no sean considerados como cuadros totalmente desarrollados en la mente, como imágenes de los recuerdos de las experiencias pasadas de nuestra vida. El Arquetipo de la Madre, por ejemplo, no es una fotografía de una madre o de una mujer. Mas bien es como el negativo de lo que debe ser desarrollado por la experiencia" (1).
"Lo que se hereda -dirá el profesor Rubino, aclarando términos- es la estructura potencial de los arquetipos". Y agrega: "No percibimos a los arquetipos en sí mismos, sino a sus manifestaciones simbólicas. Los arquetipos se manifiestan a través de proyecciones, lo que nos permite inferir la presencia de ellos".
Para Jung, una imagen primordial determinada, es decir, un arquetipo, se cumplimenta como tal, con respecto a su contenido, solamente cuando se hace manifiesto, y se completa, por lo tanto, con el material de la experiencia conciente. Volvemos aquí a la imagen ilustrativa del cauce seco del río y la experiencia rellenándolo vigorosamente.
En efecto, puede considerarse que llegamos al mundo con potenciales estructuras arquetípicas que son, en nuestra psique, como un nutrido complejo de cauces de ríos que en este momento se hallan secos. Estos, así como sucedió en la Tierra con el Cañón del Colorado, fueron labrados por las 'corrientes' de generaciones y generaciones. No corrientes de agua que lo recorren desde hace millones de años como ocurre en el Gran Cañón, sino corrientes psíquicas, mentales. Con toda la metáfora significativa que implica hablar de inundaciones psíquicas, sequías psíquicas, remansos psíquicos, erupciones psíquicas y toda otra combinación posible de este estilo. Así, heredamos cauces secos. Ríos muertos. Pero nuestra experiencia los va haciendo fértiles. Les agrega agua una vez más. Y entonces, los arquetipos dejan de ser meras estructuras para convertirse en símbolos proyectados hacia el exterior. Y, en lo interno, al recibir esa "agua" benefactora, renuevan el vigor, adquieren la capacidad de utilizar y canalizar la energía enorme que poseen y llegan a intervenir en otros estratos psíquicos que trascienden la psique colectiva.
En sus primeros escritos Jung denominó a estas estructuras hereditarias "imágenes primordiales", expresión que toma de Burckhardt. Pero, después, comprendió que era más preciso llamar "arquetipos" a estos fenómenos que él había descubierto. Lo hizo con el sentido que le diera San Agustín y, antes que él, Hermes Trimegisto, la versión griega del dios egipcio Toth, quien en el Poimandres (que es la primera parte del grupo de títulos que componen la obra Corpus Hermeticum) expresa: "Habéis visto en vuestra mente la imagen arquetípica". Para ese tiempo Jung ya sabía que los arquetipos "estaban tan elevadamente organizados y vivos en el inconciente, y que influían tanto sobre la imaginación conciente, que podían ser personificados o cuanto menos asumir una expresión abstracta (...). Hay un ejemplo de la vívida complejidad de este mundo de los arquetipos, las representaciones instintivas e intuitivas de la mitología griega. Este sistema espiritual es quizás el modelo más altamente colectivo que aún poseemos. Es precisamente debido a esta excepcional conciencia instintiva del inconciente colectivo, demostrada en sus mitos y leyendas y en todo lo que surge de ellas, que los griegos fueron capaces de hacer una contribución tan formidable a la evolución del espíritu humano" (2).
Jung expresa también que los 'arquetipos' son las formas innatas, a priori, de 'intuición', de percepción y de aprehensión. "Igual que los instintos impelen al hombre a un modo específicamente humano de existencia, así los arquetipos fuerzan sus vías de percepción y de aprehensión dentro de esquemas específicamente humanos".
Sigue siendo, sin embargo, difícil llegar a comprender el concepto de arquetipo según la psicología junguiana. El doctor Rubino anota lo siguiente: "Los arquetipos son formas o imágenes que tienen naturaleza colectiva y que se dan en todos los hombres que habitan y habitaron la Tierra, proveyendo los temas míticos. Estas estructuras arquetípicas las podemos observar también en el individuo en sí mísmo como en las comunidades "ágrafas" e históricas. Se trata de algo así como 'modelos- patrones' en la formación de símbolos y que se repiten desde las tinieblas primordiales".
Completa esta exposición, que ya va adquiriendo ahora sí límites precisos, Frieda Fordham quien, como ya dijimos, cuenta con el apoyo intelectual del maestro en sus obras escritas. Dice ella: "Podemos aventurarnos a suponer que las imágenes primordiales o arquetipos se formaron durante los milenios en que el cerebro humano y la conciencia humana iban lentamente emergiendo de un estado animal; pero sus representaciones, es decir, las imágenes arquetípicas, como tienen la cualidad primordial, se modifican o se alteran de acuerdo con la era en que aparecen. Algunos, sobre todo aquellos que indican un cambio importante en la economía de la psique, aparecen en forma abstracta o geométrica, tal como un cuadrado, un círculo o una rueda: ya sea por separado, ya en combinación formando de modo más o menos elaborado un símbolo particularmente importante y típico (...). Otros se presentan como formas humanas o semihumanas, como dioses o diosas, enanos, gigantes: aparecen como animales o plantas, reales o fantásticos, de los que hay ejemplos incontables en la mitología" (3).

He aquí, entonces, que los arquetipos aparecen en el hombre a través de formas determinadas: en las mitologías, en las leyendas, en los sueños, en ciertos deseos de colectividad. Mediante el estudio de determinados sueños (Jung hablará de sueños del inconciente colectivo y otros, los más comunes, donde aparecen elementos de ambos estratos, ya que raramente existen manifestaciones oníricas puras), de las leyendas y de las mitologías - particularmente las de culturas en estado primitivo o bien otras de enorme esplendor creativo como la egipcia, la griega y la romana-, es posible deducir la existencia de los mismos arquetipos a través de los tiempos. Lo que sucede es que, como indica Fordham, estos presentan los "ropajes" propios de cada época. Cada tiempo y cada momento de cada cultura reviste el arquetipo con un "maquillaje" especial y particular de ese lugar y ese momento. Le otorga un "tinte" propio donde intervienen las circunstancias y el desarrollo de esa cultura. Con distintos emergentes visibles o imaginarios, son los mismos arquetipos de siempre.
Jung explica que las expresiones más directas del inconciente colectivo se encuentran cuando los arquetipos aparecen como imágenes primordiales en los sueños, en estados desacostumbrados de la mente (hoy llamados estados alterados de conciencia) o en las fantasías de los psicóticos.
Al referirse a la intervención del inconciente colectivo en las enfermedades mentales graves, indica Jung que se despiertan los arquetipos para una vida independiente y asumen la dirección de la personalidad psíquica, reemplazando al ego incapaz y a su voluntad y su deseo, demasiado débiles. Agrega también que "el aislamiento en el solo YO tiene la paradójica consecuencia de la aparición en los sueños y fantasías de contenidos impersonales, colectivos, que son también el material de que pueden nutrirse ciertas psicosis esquizofrénicas".
Para vivir la experiencia arquetípica, obtener su análisis y concluir obteniendo la síntesis de estos, es requisito esencial no identificarse con los arquetipos. Porque, de suceder semejante cosa, habremos incentivado la principal característica de la reacción patológica, y estaríamos invadidos por fuerzas primordiales.
Cabe aquí hacer una aclaración, una división tajante, para no confundir conceptos. El material psíquico arquetípico se encuentra tanto en el inconciente de una persona normal como en el de quien padece esquizofrenia. Hasta ese punto no hay diferencia. Lo que sucede es que debe observarse si estas presencias arquetípicas están o no elaboradas. Y, en tal caso, de qué modo se encuentran hechas esas elaboraciones. Del estudio de estas dos variables habremos de poder discernir si el material arcaico es la causa psicopatológica de la enfermedad. No de otra manera.
Jung siempre advierte acerca de ciertos cuidados que deben ser tenidos en cuenta en el trabajo analítico de la psique. Dice que en los casos de psicosis latente, en los que basta un empujón para que aparezca manifiestamente la catástrofe, puede ser suficiente para ello la admisión del estado presente o la acción de un complejo. Uno de los peligros que más próximo está es el de la identificación con las formaciones del inconciente. Si existe una disposición lábil puede producirse un estado equivalente a la psicosis. Es por este motivo que, como dijimos anteriormente, Jung no vacilaba -ante algunos casos a dejar que la neurosis del paciente siguiera su curso evolutivo, pues advertía que esta era la única contención contra la presencia de manifestaciones más graves que podrían producir, por ejemplo, una psicosis.
Con respecto a la neurosis, Jung la considera no sólo desde el punto de vista clínico, sino desde la visión psicológica y social, y llega a la conclusión de que es una afección grave, particularmente en lo que se refiere a sus efectos en relación con el medio ambiente y el modo de vida neurótico, pudiendo ser la neurosis nuestro peor enemigo o nuestro mejor amigo, por cuanto sus mecanismos tienen un doble significado: mira adelante y atrás, abajo y arriba. Agrega luego que no es el paciente quien se ha curado de la neurosis, sino que la neurosis ha curado al paciente.
Estos que preceden son conceptos muy importantes en las consideraciones psicopatológicas que hace la psicología junguiana. Aquí se presenta a la neurosis como un elemento a través del cual se hace posible la curación del paciente. Entonces obtenemos el siguiente corolario: no se produce una neurosis como síntoma de una perturbación psíquica, sino que la neurosis es el elemento con el que reacciona la personalidad para curar el disturbio.
La neurosis cumple aquí un papel similar al de los glóbulos blancos en lo físico, valga la comparación. Los glóbulos blancos no son el resultado de una enfermedad, de una infección por ejemplo: sino que estos existen para contrarrestarla, para eliminarla. Algo así sucedería con la presencia de la neurosis. A tal punto que ésta en ocasiones, según determinó Jung, está cumpliendo el papel de dique de contención a efectos de no dejar pasar el agua que se desliza por aquellos viejos y milenarios cauces que fueron labrados por los arquetipos y que buscan, en ese momento, adueñarse de la persona, lo que ocasionaría al individuo el nacimiento de una enfermedad peor para él y para la sociedad. Una esquizofrenia, por ejemplo.
La concepción junguiana del inconciente lo revaloriza respecto de otras psicologías ya que no lo presenta como un depósito de basuras, de cosas dolorosas que debieron ser reprimidas, anuladas, escondidas.
Al revelar la existencia de un inconciente colectivo encontramos que además de aquel estrato sombrío, existen también motivos para la alegría de vivir y las fuentes de la inspiración y la creatividad. El inconciente es la "fuente de la conciencia y del espíritu creador, y también del destructivo de toda la Humanidad". Se trata de una conjunción de polos opuestos. Un reservorio totalizador. Es, otra vez más, la presencia enantiodrómica que habrá de hallar Jung en todos sus estudios sobre el hombre. Aquí, el inconciente aparece como la arena y, a su vez, los protagonistas que luchan en esa arena. Es la cotidiana justa entre el Bien y el Mal.

(1) Hall, Calvin y Norby V.J., Conceptos fundamentales de la psicología de Jung, Ed. Psique, 1975, página 40.
(2) Van der Post Laurens, Jung y la Historia de Nuestro Tiempo, Sudamérica, Bs.As, 1978, pággina318-319.
(3) Fordham Frieda, Introducción a la Psicología de Jung, Morata, Madrid, 1968, páginas 27-28.

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