Una bandada de gansos

 

 

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Jorge Helman


 

El análisis semiótico de un cuento jasídico permite arrojar sobre él un enfoque clínico, y entender que el protagonismo de uno de los personajes es una intervención analítica plena. El ejemplo descubre, además, la íntima articulación entre clínica e investigación.

Según nos refiere Mircea Eliade (Herreros y Alquimistas) los habitantes de la Antigüedad clásica solían probar los metales sometiéndolos al fuego. Así observaban su capacidad de resistencia, su fortaleza y debilidad; pero por sobre todas las cosas el fuego tenía la virtud de templar las aptitudes de transformación de los metales.
Debemos a esa actitud antigua el origen de la palabra TEMPLANZA y al mismo tiempo nos brinda una introducción al tema de la subjetividad y el dispositivo analítico, ya que pretendemos, sobre el fondo de esta referencia, someter a nuestros metales (los conceptos teóricos) a la prueba de fuego de la clínica analítica para pulsar su tolerancia y consistencia.
No van a ser convocados todos los conceptos que la historia del psicoanálisis ha ido grabando, sino sólo aquellos que sean despertados por el material clínico.
Vamos a transcribir un relato muy breve sobre el que pretendemos hacer trabajar algunos conceptos que nos van a permitir construír tres escenarios simultáneos: el relato, la teoría y la clínica.
Este cuento está extraído de una obra mayor de tres volúmenes llamados CUENTOS JASIDICOS recopilados por el filósofo Martín Buber, y dice lo siguiente:

El Maestro y su discípulo estaban atravesando un prado. El ganado pastaba en él y mugía mientras se aproximaba al arroyo para abrevar. Al ver a éste una bandada de gansos se alzó del agua en medio de una gran algarabía y batir de alas.
"¡Si tan sólo pudiera comprender lo que dicen!" exclamó el discípulo.
"Cuando llegues a entender la verdadera esencia de lo que tu mismo dices" - le contestó el Maestro - "entonces comprenderás el lenguaje de todas las criaturas."

Se trata de un texto. Pero ¿por qué no entender que un paciente es, precisamente eso, un texto?, ¿por qué no entender que la persona es soporte y soporta (como diría Borges) al lenguaje?. Esto nos autoriza a arrojar sobre este texto un enfoque clínico y a entender que el protagonismo de uno de los personajes es una intervención analítica plena.
Nos encontramos aquí con una auténtica trama que tolera la tratemos como una ocurrencia, o un sueño o una formación cualquiera de lo inconsciente con los ropajes propios de lo preconsciente; es decir, con representaciones de palabra.

Enhebrando cuentos

Como analizar implica desanudar tramas con la finalidad de producir anudamientos originales, hemos de tomar, en un principio, un enfoque INTERTEXTUAL.
A este cuento lo hemos desgarrado de una obra mayor: los Cuentos Jasídicos que devienen de una tradición oral judía de la Europa Central y que luego fue recolectada en un escrito por Martín Buber.
A lo largo de toda esta obra se va forjando, merced al mecanismo de repetición, un clima según el cual ciertos términos son intercambiables.
En este relato observamos la presencia nítida de dos protagonistas: Maestro y Discípulo, pero la "atmósfera" creada por el total de los cuentos presentan otras ecuaciones sustituíbles que no aparecen en este cuento sino en aquellos que lo acompañan.
El análisis semiótico ideado por Trubetzkoi nos permiten operar con dos términos: repetición y diferencia; o en otras palabras: tradición y singularidad.
Los términos permutables a lo extenso de los cuentos son los siguientes:

            VIEJO               JOVEN
SABIO              IGNORANTE
____________________________
MAESTRO         DISCIPULO

Hemos de llamar "columna" a aquello que abarca la ecuación VIEJO-SABIO-MAESTRO y a su vecina de oposición; designaremos con el nombre de "piso" a la ecuación sincrónica MAESTRO-DISCIPULO.

También nos cabe aclarar que el término IGNORANTE aquí usado no posee un sentido peyorativo sino (como lo llamaría Lacan siguiendo a Vico) de una "docta ignorancia"; es decir no poseedor del don del conocimiento pero abierto a su adquisición.
Entre el piso superior, el medio y el inferior hay una relación de solidaridad por desplazamientos que se condensa en el piso inferior, es decir MAESTRO-DISCIPULO. Para expresarlo en términos lingüísticos esta ecuación que recolectamos en este cuento particular es un sintagma cristalizado que funciona como paradigma. En otros términos es una metáfora que cobija a los pisos superiores, los contiene.
Más tarde veremos la aparición de un "subsuelo" que existe oculto por debajo del piso inferior.
Primer inferencia de carácter clínico, desprendida del enfoque intertextual. Poder entender los referentes particulares de un paciente supone convivir con la historia relatada del mismo; esto nos permite entender sus valores de sustitución. En otros términos, un texto es una presencia ficcional ya que no vive jamás en estado de soledad sino que, por el contrario, habita en un contexto que lo alberga. Volviendo sobre los cuentos, nadie, salvo la repetición que hace tradición, ha establecido que haya una relación de necesariedad entre Viejo-Sabio-Maestro; de hecho la Vejez no tiene porqué ser obligatoriamente sinónimo de Sabiduría.
Por ende estas fórmulas que responden al orden Cultural, por la contingencia propia de lo habitual, se han trasladado, inadvertidamente, al orden de la Naturaleza.
Nos resulta interesante observar que este pasaje se impronta como Realidad de lo Natural por el sólo hecho de haberse grabado por Repetición. Siendo significantes (habitantes del lenguaje) nadie podrá ignorar que responden, rigurosamen te, a un registro Cultural. Y justamente lo sobresaliente es que hacen carne en el espíritu como marca o condena según la cual "todo viejo es sabio y, por ende, maestro" de forma calcificada.
Dicho en términos analíticos, lo que aquí enjuiciamos es el carácter asintomático del síntoma.

 

El desmontaje de este mito viviente, como lo llamaría el ya citado Mircea Eliade (Mito y Realidad) nos permite observar el modo en el que el Yo abraza en su economía libidinal los rasgos de carácter para vivenciarlos como parte integrante de su propia ontología; es decir no le son extraños sino que, por el contrario, le son propios.
Los mitos constituyen elementos constructores de la subjetividad; es por el lenguaje y la creencia en los mitos que la subjetividad queda amarrada al orden de la Cultura. Definiendo a la subjetividad como un manojo singular de símbolos veremos que ésta es un efecto impredecible de la intersubjetividad. Para expresarlo en idioma "vienés" el ser humano lo es en tanto atado al Complejo de Edipo; como "Trõger" (portador) de lenguaje y creencias míticas que permiten identificaciones.

Desanudando el cuento

Otra modalidad para encarar el análisis de este cuento es el enfoque intratextual.
La exclamación del alumno está dirigida a un interlocutor, su Maestro quien reacciona no en espejo sino girando la pregunta, haciéndola volver sobre el emisor. Así el Maestro instala la Demora; esto permite transformar un elemento impaciente en uno paciente. Dice el texto:

"...Cuando llegues a entender la esencia...recién entonces..."
traducible como:
"previo a esto...empieza por lo otro".

Es posible ver en esta reflexión una auténtica intervención analítica ya que instala la REFLEXION en lugar de clausurarla.
Y aquí es importante trabajar el concepto de REFLEXION cuya procedencia deviene del campo de la óptica y que fuese definido por el empirista inglés del siglo XVIII John Locke. Este delimitó la idea a una reversión sobre sí; la reflexión procede de un nudo de arranque pero luego se expande. Es lo que multiplica imágenes.
La intervención del Maestro no se limita a instalar la demora, sino que suma a ella la reflexion en términos de procrear un espacio asociativo, de provocar la emergencia de nuevas representaciones. No hace caer el peso sobre una mismidad vacía o pronominal sino, básicamente, sobre los elementos y símbolos que porta el propio sujeto de la interrogación.
Otra inferencia aplicable al escenario clínico. Una respuesta analítica no debería clausurar significaciones sino que debería incitar al nacimiento de nuevos eslabones de significado.
Pero además de este elemento reflexivo localizable dentro del cuento, es posible encontrar, también, una señal de lo que la teoría denomina registro de lo Real.
En tal sentido nos cabe aclarar que situamos la procedencia de este registro en los desarrollos de Lacan; por ende, en lo extenso de su obra no vamos a encontrar un sentido unívoco de dicho registro sino alternativos contornos que él ha desarrollado. Es en razón de ellos que nos remitiremos a diferentes hitos de sus exposiciones que están vinculados con el cuento de referencia, allí donde entendemos hay clara señales de una definición de lo REAL, aquella que se vincula con el concepto de VERDAD.
Este concepto ha sido permanente obsesión dentro del pensamiento logocéntrico occidental; estuvo, persecutoriamente, vinculado a la pasión religiosa, a la pasión científica cuando no a la pasión existencial. No se trata en consecuencia de un concepto menor. Por el contrario acompañó perseverativamente a la racionalidad humana en sus diferentes estadios históricos. Ya en otro lugar (Una carta desde Haifa) hemos establecido con mayor amplitud la gravitación que el mismo ha desplegado en las diferentes formas de racionalidad.
Por una cuestión de brevedad expositiva acudiremos a una importante referencia bibliográfica que nos despeje el terreno de tener aquí que desarrollar en extensión el tema. Se trata del texto de Marcel Detienne Los Maestros de Verdad en la Grecia Arcaica (Editorial Taurus).
Según éste la Verdad originalmente estuvo vinculada a la revelación divina, hasta la innovación socrática que produce una auténtica revolución al plantear que la Verdad es el efecto de un proceso interlocutivo. Si seguimos los diálogos socráticos (¡vale la pena aclarar que fueron transcriptos por Platón, para evitar equívocos!) observaremos que las conversaciones ante diferentes interlocutores son aquellas que permiten arribar a una solución cierta en lo atinente a la Verdad (1).
Esta idea se expandió generosamente a lo largo de dos mil trescientos años y podría ser comprimida en una fórmula. Aquella que instala la idea de que como producto del devenir del conocimiento se llegará a acceder a la Verdad; ésta, así, sería una construcción producto del proceso de conocimiento.
Esto lo podemos expresar en términos freudianos. El objeto de la pulsión epistemofílica se situaría, precisamente en la Verdad y operaría como pulsión parcial en tanto sea Verdad provisoria y como pulsión total en tanto se adscriba a una Verdad definitiva.
En el año 1965 en oportunidad de inaugurar Lacan el Seminario El Objeto del Psicoanálisis va a plantear una subversión de esta noción de Verdad como consecuencia, conforme como se desparramó en dos mil trescientos años de historia. Justamente en Ciencia y Verdad (2) va a alterar esta idea y a fundamentar la inversión de este enunciado. La verdad para él es causa y no consecuencia del saber; por lo tanto el saber es consecuencia de la Verdad.
Verdad por lo tanto está vinculada la Registro de lo Real, o sea al objeto "a". Este es el iniciador de la seriación significante.
A partir de aquí vamos a volver sobre el cuento con el afán de detectar las señales de lo Real. Observemos que el diálogo de los protagonistas tiene un origen devenido de dos acontecimientos inexplicables

"...el ganado mugía... (señal 1)
"...una bandada de gansos... en medio de
una gran algarabía" (señal 2)

Es a partir de estos dos sin sentido que brota una interrrogación significante del discípulo. El diálogo entre éste y su Maestro gira en torno a este vacío inexplicable y sin sentido.
Traslademos nuestra referencia al Seminario Joyce, el síntoma. Allí va a dar Lacan una definición de lo Real: LO REAL ES SIN LEY. Lo que significa que debemos considerar que aquello que no está atado a regularidad lógica o significado puede ser la contingencia singular de un Real que se hace presente. Tal es, precisamente, el caso que nos ocupa ya que lo que delata el Discípulo es que no sabe lo que que significa la señal 1 ni la señal 2.
Tomemos otra referencia literaria que nos permita danzar en torno a la aparición del Objeto "a". Se trata del cuento de Edgar Alan Poe La carta robada (3). En el relato la Verdad está situada en una carta cuyo contenido jamás es revelado a lo largo del cuento. Nada se sabe de lo que ella contiene, pero lo importante no es lo que ella relata sino lo que los personajes imaginan sobre ella. No es relevante su contenido sino las confabulaciones imaginarias que se tejen en torno a ella.
Tomemos otra referencia discursiva ya no literaria sino fílmica. Se trata de la película La Ley del Deseo de Pedro Almodóvar. En ella lo Real se sitúa en una máquina de escribir que acompaña todo el relato, desde el inicio hasta el epílogo. A través de ella el protagonista escribe las cartas que luego entregará a su amante con el mandato expreso de que luego éste las firme y estampille en el correo para que él pueda recibirlas. Es ese objeto "a" que hace estallar la tragedia en la cual se ven envueltos los protagonistas de la película.
Con estas referencias volvemos sobre el cuento y las inferencias clínicas. Lo Real es lo que motoriza un proceso de conocimiento; es a partir del sin sentido que brotan las (com)pulsiones al otorgamiento de sentido. El tejido significante del diálogo nació justamente de esas señales de lo Real. Y podemos hacer extensivo esto al escenario de la clínica.
Podemos afirmar que el grueso de las consultas neuróticas se producen como consecuencia de haber fallado las explicaciones que los mismos pacientes han producido acerca de sus padecimientos. En otras palabras, la mayoría de los pedido de análisis son empujados por la Angustia (texto, también, de otro Seminario de Lacan).
Ahora ¿es posible conocer la esencia del lenguaje, según se puede inferir de la propuesta del Maestro? ¿No estará éste proponiendo una tarea imposible al igual que educar, gobernar y psicoanalizar?
Los lingüistas no acordarían entre ellos acerca del carácter de una esencia del lenguaje; tampoco adscribirían a una sustancia del mismo. Tal vez podrían aproximarse a un acuerdo si instalaran el concepto de "materialidad virtual" que presupone el acto lingüístico.
Tenemos como trasfondo de lo expuesto los trabajos confrontativos de Ferdinand de Saussure y de Charles Sanders Peirce (Anagramas y Papers respectivamente).
Tomemos un breve ejemplo de la funcionalidad defectuosa y virtuosa que posee el lenguaje. El título de esta exposición.
Como todo título es una pista, un compacto que, supuestamente, reseña el desarrollo. Pero al mismo tiempo es, también, una incitación a la inventiva del destinatario de la exposición.
Como lo insinúa Héctor Libertella (Ojos y Bocas en la génesis de una obra (5) un lector-interpretador puede hacerle decir a un autor cosas que éste nunca tuvo dentro de su horizonte imaginativo. Si leemos el título de esta exposición podríamos, además de las finalidades ostensibles que el mismo posee, aplicar humorísticamente una interpretación. ¿En quienes se habrá inspirado el autor para calificarlos como una "bandada de gansos"?, ¿no es posible, acaso, que sutil e inconscientemente el autor esté teniendo como referencia a algunas personas a las cuales las califica, irónicamente como una "bandada de gansos"?. Ese autor no está exonerado de ser portador de ideas que puede querer disimular y que le brotan a pesar de sí mismo, por lo tanto es probable que piense que algunas personas para él son un grupo (o banda) que se dedican a decir "gansadas".
Esta interpretación que nosotros podemos hacer sobre el enunciado sólo lo podrá corrobora el autor; o sea que su acierto depende del acuerdo que éste nos conceda a nuestra interpretación.
En la escena clínica las resonancias son idénticas. Un interpretación emanada de un analista sólo es lograda cuando impacta "al corazón del paciente". Pascal sostenía que HAY RAZONES DEL CORAZON QUE LA RAZON NO COMPRENDE. Pues bien, se trata, en consecuencia, de que con los instrumentos de la Razón, capturemos esas "razones del corazón".
La validez de una interpretación se basa en la deconstrucción del sentido y la conmoción devenida de lo inesperado. Pero su validación sólo la concede la subjetividad del sujeto involucrado en el análisis.

Entretejiendo el cuento con otros cuentos

Nos queda por último una inferencia que nos permitirá retomar aquello que dejamos pendiente más arriba y que titulamos "el subsuelo" (o cuarto piso del esquema que hicimos más arriba). Tomamos esta expresión de Fedor Dostoievski (Memorias del subsuelo) quien con esta retórica designaba a los sueños como equivalentes de lo inconsciente.
Observemos el detalle inadvertido que se desliza a través del texto. Aquellos que leemos el cuento de referencia no dejamos de quedar posicionados en el lugar de la sorpresa frente a lo inesperado de la respuesta del Maestro; ésta nos asombra y condena a reflexionar. Es decir que en calidad de lectores hemos quedado arrojados al lugar del Discípulo.
Y esto es así por cuanto la Escritura se impone en el lugar del Maestro. Esta imposición del texto somete al lector al espacio reflexivo, sitio del ignorante buscador de conocimiento. De modo tal que en la columna Viejo-Sabio-Maestro se agrega, sutilmente, Escritura. En tanto en la columna vecina se suma Lectura (o lector expuesto a la Escritura).
Esto lo desprendemos de este cuento en particular, pero también este cuento recoge, por repetición la "atmósfera" del resto de los cuentos. En otros términos, en el análisis intratextual descubrimos la presencia armónica de ingredientes intertextuales. Un auténtico anudamiento.
Señalamos la armonía de este criterio por cuanto la tradición hebrea jasídica reivindica, primordialmente, la función rectora de la Escritura. En este mismo sentido recordamos lo ya señalado por Freud (Moisés y la Religión Monoteísta) en lo que atañe a la superioridad religiosa del pensamiento hebreo (adorador de la letra) por encima de los razonamientos paganos premosaicos (adoradores de las imágenes).
Tal cual hemos indicado, para el hebreo siempre la sabiduría está vinculada a la Escritura que en origen fue designada como Sagrada; suple ésta a la función del Maestro (6) y se constituye, por tradición repetitiva, en sinónimo de enseñanza. De modo tal que la Escritura puede delegar su función, así como el Maestro puede remitir hacia ella como lugar del tesoro del conocimiento.
Además dentro de esa tradición el Sabio no es aquel que sabe sino incita a saber a otro, estimula su afán de conocimiento. Algo similar a lo que Martín Heidegger (Introducción a la Metafísica) señalaba en torno al Maestro separándolo del Profesor, ya que el primero cobija en sí mismo a un discípulo, en tanto el segundo se instala como el que imparte conocimientos por ser considerado en el lugar del saber mismo.

A la luz de lo expuesto podemos extraer algunas conclusiones de índole clínica.
En primer lugar así como un cuento en su singularidad puede albergar al resto de cuentos (lo que lo transforma en un representante de una generalidad) cualquier formación del inconsciente posee la misma estructura de funcionamiento; vale decir que un sueño contiene en su particularidad, por ejemplo, toda la historia del soñante. Del mismo modo que un acto fallido efectuado en el presente acoge toda la historia de ese sujeto de un modo compactado y sincrético.
Similares características a la que acabamos de enunciar acompañan al estatuto de la PALABRA. Cada una de ellas, en su particularidad, es una convocatoria al dispositivo lexical en su totalidad. Un testimonio de esto lo vemos en el Diccionario, aquél al cual acudimos cuando tropezamos con un signo irrepresentable para nosotros. Este gran libro de los significados llamado "diccionario" no es más que el libro del sin sentido. Al igual que en aquella novela de Julio Cortázar (Rayuela) al no haber comienzo ni fin, se extravía la ilación, en consecuencia, no hay historia, por lo tanto no tiene sentido. Como la pretensión del diccionario es ambiciosa en tanto aspira a dar sentido a todo cae, merced a su autorreferencialidad, en el sin sentido (7).
Usamos aquí "sentido" en una dirección laxa, equivalente a "significado" e intercambiable por él.

Nos cabe una última reflexión

El psicoanálisis se pretende, según definición de su fundador, no sólo como una terapéutica eficaz, sino también, como una teoría general del sujeto y como método de investigación.
Vamos a tomar a este último aspecto para unirlo al de la eficacia terapéutica.
Investigación supone ignorancia que separamos de desconocimiento; a éste lo definimos como la expulsión de un conocimiento habido, en tanto a la primera la delimitamos como ausencia total de conocimiento. Para expresarnos en términos que ya nos han acompañado a lo largo de esta exposición: es una "docta ignorancia".
La investigación requiere de esta ignorancia por cuanto de no haberla queda sentenciada como una ilusión de investigación. Investigar es hacer las diligencias necesarias para descubrir una cosa.
Un encuentro clínico se realiza sobre la base de ilusiones variadas. Una de ellas es que alguien (paciente) supone que otro (analista) sabe lo que a él le pasa. Si ese otro queda estampado en el lugar en el cual se lo ubica, rubrica la ilusión de que efectivamente ése sabe acerca de lo que ocurre.
Los aportes de Lacan han permitido descentrar esta ilusión ya que (y en esto es solidario con el Freud de La Interpretación de los sueños) las claves de lo que ocurre las posee el propio sujeto albergados en sí mismo. Artemidoro de Dalcis (convocado por Freud en el primer capítulo del libro de referencia) sostenía que las llaves del acceso al significado hermético de los sueños la poseía el propio soñante.
Se trata, en consecuencia, de que el analista contribuya a destrabar esas claves.
Por ende investigar en psicoanálisis no es una tarea divorciada sino, por el contrario, aliada a la clínica. Es decir que la clínica enseña (como el Maestro) en tanto el analista (con su docta ignorancia) está en disposición de Discípulo; abierto a un conocimiento singular que nunca poseyó.
Para poder destrabar las claves secretas que posee (¡dejemos jugar un poco más a las palabras!) un PA(DE)CIENTE se hace necesario que éste realice un trabajo sobre su propio discurso y el modo en que éste lo constituye y posiciona.
Lo que permitiría no sólo concluir ese análisis sino, también, esta exposición con una sentencia:
Cuando llegues a entender la verdadera esencia de lo que tu mismo dices...estarás ante las puertas de un fin de análisis.

CITAS

(1) Válido es recordar que la palabra DIALECTICA deviene de "partición del LOGOS" que da origen al término DIA-LOGOS.
(2) Este texto se puede ubicar en la Introducción del mencionado Seminario, así como texto independiente incluido en los Escritos I (Editorial Siglo XXI).
(3) Texto sobre el cual Lacan realizó un seminario basado en la traducción que realizara Charles Baudelaire del libro original en inglés de Poe. ("lettre volee" significa tanto "carta robada" como "carta demorada").
(5) Texto producido por Lugar Editorial basado en el Coloquio sobre Consideraciones acerca del Acto Creativo. HELMAN, Jorge y otros - Ojos y bocas en la génesis de una obra - Filológicas - Lugar Editorial - Buenos Aires - 1992.
(6) Una inevitable evocación, también aquí, corresponde al pensamiento de San Agustín en su Dei Magister.
(7) Con relación a la autorreferencialidad es útil tener presente el Teorema de Gödel y la elaboración realizada por Douglas Hofstadter sobre el mismo, en el libro Gödel, Escher y Bach (Un Grácil y Eterno Bucle) - Tusquets Editores (Metatemas) - Barcelona - 1992.

 

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